Este fin de semana estuve en Sevilla y montamos a los niños en un coche de caballos para recorrer parte de la ciudad. Claro, ellos estuvieron alucinando. Ibamos a hecho porque teníamos el contacto de un cochero que había atendido muy bien a nuestros amigos la vez anterior. Como éramos muchos, tuvimos que coger dos carruajes.